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  • Quiero un hijo pero mi pareja no (Publicado en la revista serPadres)

    Publicado por el 16/junio/2015 , No hay comentarios »




     

    En toda pareja estable, en mayor o menor medida, es natural que en algún momento se llegue a la decisión de tener hijos. Pero ¿qué ocurre si uno de ellos no lo desea? ¿Cómo compaginar esta diferencia de opinión en un asunto tan importante sin que la relación salga demasiado perjudicada? Esta situación se da en ambas partes: un miembro de la pareja quiere tener hijos y el otro no, y viceversa.

     

    Lo primero que habría que pensar es si es conveniente seguir alimentando una relación en la que los ideales de presente y de futuro son tan distintos. No debería obligarse a ser padre o madre a la fuerza a quien no se siente preparado o dispuesto para ello, no solo pensando en uno mismo sino también en el hijo que va a nacer. Tampoco podemos quitar a alguien la experiencia de ser padre o madre, ya que no hay ninguna otra experiencia en el mundo que pueda sustituirla.

     

    ¿Qué hacemos entonces? Esperar a que la pareja cambie de idea para satisfacerte a ti puede ser eterno: él o ella puede que no se decida nunca y a ti se te va a “pasar el arroz” esperando. Como no podemos hacer que una persona acepte ser padre o madre por imposición, y también porque la libertad del otro es sagrada, veremos qué puede hacer quien sí quiere tener ese hijo y no sabe qué decisión tomar.

     

    En primer lugar debes tener una larga conversación, pero no con el otro, que seguro que se pone “de uñas” o se enfada cada vez que tú abordas el tema. Tienes que conversar con total sinceridad contigo, hacerte preguntas muy importantes que nunca te has hecho y que se dilatan en el tiempo sin resolución ninguna. Debes preguntarte y estar seguro/a de que tienes muy claro que quieres tener un hijo, por ti mismo/a y que no es un capricho momentáneo, es decir, que es un deseo sólido y has reflexionado sobre ello lo suficiente.

     

    Tienes que tomar la firme resolución de darte lo que realmente quieres. Ya hemos dicho que la libertad del otro es sagrada, por lo que la tuya también lo es: darte lo que tu alma anhela profundamente y sin hacer concesiones pensando en lo que otros quieren para ti. Debes tener el suficiente amor hacia ti mismo/a para obsequiarte con el mejor regalo, el que más te gustaría tener, la venida de un hijo, ya que éste es el mejor regalo que te gustaría recibir. El amor hacia ti es fundamental, ¿has oído esta frase?: “Si no te quieres tú, ¿quién te va a querer?”.

     

    Pregúntate si es mayor tu deseo de estar en una relación sin un futuro para compartir, con condiciones que te cuesta trabajo aceptar y en la que tu opinión no cuenta o cuenta muy poco, o crees que es superior la relación con tu hijo y empezar un futuro nuevo lleno de posibilidades. Si te haces estas preguntas con la mayor sinceridad y sin tener en cuenta las opiniones de los demás, la respuesta vendrá enseguida. Sigue siempre a tus ilusiones, conéctate con el propósito de tu vida y vive siempre en el presente fabricando tu futuro.

     

    Carmen Tito Sánchez

     

    http://www.serpadres.es/familia/pareja/articulo/quiero-un-hijo-pero-mi-pareja-no-691433924451

     

    Si puedes soñarlo…puedes hacerlo

    Publicado por el 15/enero/2015 , No hay comentarios »




     

    Dicen que si sueñas con caballos es que tus proyectos se van a cumplir con rapidez, pero aquí no vamos a hablar de los sueños cuando dormimos, me refiero a esa capacidad de ensoñación que poseemos los seres humanos y que usamos muy pocas veces, a esa abstracción de la realidad que nos rodea, a esa concentración del pensamiento, perdiéndonos en nosotros mismos y encontrándonos en nuestra más pura esencia.

    Esa debería ser nuestra principal ensoñación. Aislarnos de “los consejos” de los demás, de las miradas ajenas, de las opiniones de los otros que cortan una y otra vez todos nuestros sueños, nuestras ilusiones. Pero qué prefieres ¿ser el dueño de tu destino o ser la víctima de tus circunstancias?

    Sé que vas a decirme que hay muchas cosas sobre las que no tienes control, pero lo importante es que te enfoques en aquellas áreas de tu vida en que sí lo tienes…es precisamente aquí donde está tu poder. Porque ¿me quieres decir quién puede entrar en tu cabeza? ¿hay alguien que pueda robarte un pensamiento? ¿alguien puede soñar por ti?

    A mí me han dado ganas a veces de entrar en la mente de alguna persona, de intentar susurrarla allá dentro donde hay una gama infinita de grises, que no todo es blanco o negro, que no tiene que renunciar a sus sueños sólo porque hay alguien que no está de acuerdo con ellos. Decirle que si sigue viviendo en la escena de lo imposible, para ella habrá muy pocas posibilidades y decirle que seguramente no sea responsable de todo lo que le pase, pero que sí puede decidir cómo reaccionar a las experiencias de su vida.

    Te puedo decir que mi vida comenzó a cambiar el día que empecé a asumir la creencia de que sólo yo era causante de mis circunstancias. Y bueno, tanto tú como yo seguro que podríamos dar ejemplos en nuestras vidas en que parece que esto no es así, que no hemos tenido nada que ver en sucesos de nuestra vida, pero creer que yo y sólo yo soy la causante de mis circunstancias me ha dado mejores resultados que cuando pensaba que era víctima del destino y que había algo o alguien conspirando contra mí.

    Nuestras creencias matan nuestros mejores sueños. Si crees que eres miedoso, el miedo paralizará muchas de tus acciones, muchos de tus sueños nunca se van a realizar, vas a creer que todo lo que emprendas te saldrá mal con seguridad, que todos conspirarán contra ti, que todos se burlarán de tus resultados.

    Igualmente si tu creencia es la de que eres el responsable de lo que sucede en tu vida, asumirás de forma segura que lo que emprendes te saldrá bien, y todas tus acciones irán dirigidas a cumplir la mayor parte de tus sueños, porque crees en ti y en tu capacidad para gobernar tu propia vida.

    Todo lo que puedas imaginar en tu mente eres capaz de realizarlo. De todas maneras piénsalo bien, no hay riesgos en que desees alcanzar tus metas y proyectos, el único riesgo que existe para un sueño positivo es que en algún momento… se haga realidad.

    Te dejo con una frase de Wayne W. Dyer (autor de “Tus zonas erróneas”): “Cuando cambias la forma de mirar las cosas, las cosas que tú miras cambian”.

     

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    Caso Real: Ya no necesito gafas

    Publicado por el 5/mayo/2014 , No hay comentarios »




     

    Ya no necesito gafasHe decidido escribir este artículo para dar a conocer mi caso, porque creo que es algo muy sorprendente. Yo misma reconozco que si me lo contara alguien al que no conozco demasiado, probablemente me costaría mucho creerlo.

     

    Para empezar, yo llevaba utilizando gafas desde hacía aproximadamente 12 – 15 años, desde el instituto, para mejorar mi visión de lejos. Tenía miopía, menos de una dioptría en ambos ojos, no era demasiado pero lo suficiente para tener que empezar a utilizar gafas porque cuando me tocaba sentarme al final de la clase no veía la pizarra del todo bien. Al principio era un incordio, me las ponía cuando era estrictamente necesario, para ver la pizarra y punto, mientras no tenía que mirar no las usaba, en las semanas que me tocaba sentarme delante tampoco, ni en asignaturas en las que el profesor no utilizaba la pizarra, ni por la calle…

     

    Con el tiempo empecé a utilizarlas más, después del instituto, reconozco que quizás influenciada un poco por las modas, me compré dos pares de gafas preciosas, de mi color preferido y muy modernas, que me quedaban genial e incluso pensaba que me daban un look más “interesante”. Entonces prácticamente no me las quitaba, me las ponía cuando iba a salir a la calle y me las quitaba cuando llegaba a casa. Si por algún motivo algún día se me olvidaba ponérmelas me sentía como si fuera “desnuda”, con toda la cara destapada todos mis defectos quedaban al descubierto, por no mencionar que con el uso continuado de las gafas parece como si los ojos se fueran hundiendo y me veía la mirada un poco triste, me sentía incómoda además de insegura por el hecho de no ir viendo todo a la perfección.

     

    Cuando empecé a ir a la consulta con Carmen (a la que acudí por otros motivos…), yo llevaba siempre mis apreciadas gafas pese a que en la consulta no las necesitaba. Un buen día, mientras me tomaba muestras de escritura, me dijo: ¿necesitas las gafas para escribir? Reconozco que esa pregunta me dejó un poco descolocada al principio, pero rápidamente le contesté que no, mi problema visual era para ver de lejos pero de cerca veía perfectamente. Entonces ella insistió en que por qué no me las quitaba para escribir, puesto que no era necesario. A esas alturas, conociendo ya como conocía a Carmen y ella a mí,   yo  sabía   perfectamente  que  aquella  pregunta  no  era  baladí,   sabía que en el asunto de las gafas había un trasfondo en el que ella estaba intentando profundizar, y aquel primer intento suyo al principio me incomodó un poco, ¿qué problema había con mis gafas? ¡Con lo bien que me quedaban! Yo no quería dejar de ponérmelas por nada en el mundo y me agarraba a ellas como a un clavo ardiendo. Finalmente accedí a quitármelas cuando llegaba a la consulta, y poco a poco empezamos a descubrir la enorme dependencia psicológica que tenía hacia ellas. Carmen me hizo ver que si no veía del todo bien de lejos, ello estaba evidenciando que yo no veía del todo bien mi vida “de lejos”, mi fututo, mi trabajo, es decir, todo lo que se saliera de mi ámbito más cercano e inmediato, que sería la visión de cerca. Dio la coincidencia por aquella época, (ya sabemos que las casualidades no existen) que un amigo óptico me aconsejó que dejara de utilizar las gafas a diario, ya que esto iba a mejorar mi visión, dadas las dioptrías que yo tenía.

     

    Aquello ya me acabó de convencer, viniendo de un especialista en problemas visuales, por lo que me decidí a hacerlo y empecé a dejar de ponerme las gafas días salteados hasta que llegó un punto que dejé de usarlas completamente. Al principio observé que cuando me las quitaba, había un rato que veía un poco borroso, hasta que mis ojos se “acostumbraban”. ¿No es esto lo mismo que te dicen cuando te compras unas gafas nuevas y ves un poco raro? “Es que te tienes que acostumbrar”. Fue entonces cuando Carmen me dijo, ¿igual que los ojos se tienen que acostumbrar a utilizar unas gafas nuevas con una graduación diferente, no se podrían acostumbrar a ver sin ellas? Y la respuesta es SÍ, ella ya lo había comprobado y llevaba ya unos años sin utilizar gafas, y yo también pude comprobarlo. No sólo no veía borroso, sino que según iba pasando el tiempo veía cada vez mejor. Muchas veces pienso que nosotros, “seres inteligentes”, tenemos muchos de nuestros sentidos dormidos. Fui dándome cuenta de que hay muchas otras formas de “ver”, por ejemplo cuando ves a alguien que conoces por la calle, generalmente no lo reconoces porque le veas perfectamente la cara a lo lejos, sino que la gran mayoría de las veces reconocemos a las personas que conocemos por muchas otras cosas, su peinado, su ropa, su forma de caminar, etc.

     

    Antes de finalizar, me gustaría contar una pequeña anécdota, demostrativa de hasta qué punto ha mejorado mi visión. Después de varios años ya sin utilizar gafas, llegó el momento de renovar mi carnet de conducir. En el antiguo estaba anotado el código que indica que necesitaba corrección visual, además de que en la foto llevaba gafas. Acudí al centro de reconocimiento médico para hacer la renovación, y como era previsible, me hicieron las pruebas necesarias entre las que se encontraba la de graduación de la vista. Cuando finalicé, la persona encargada de hacer la renovación, con todos los datos de las pruebas que me había realizado el personal médico, me preguntó: ¿Por qué pone en el carnet antiguo que necesitaba gafas y en la prueba que le acabamos de hacer ha visto perfectamente sin ellas? ¿Se ha operado? Yo le contesté que no, y le conté brevemente el motivo de por qué ya no las necesitaba. Esta persona después de escucharme atentamente se quedó asombrada, pero es más, incluso me dijo que la persona que me había graduado había anotado que tenía una agudeza visual muy elevada, notablemente superior a la media. Lo que verdaderamente me dejó a mí perpleja, fue cuando me indicaron que, pese a que acababa de pasar allí mismo la prueba de la visión y había sido certificado por un médico que veía a la perfección e incluso tenía mayor agudeza visual que la media, no podían renovarme el carnet sin marcar el código indicativo de que sí necesito corrección visual si no presentaba un justificante de haberme operado para corregirlo, ya que Tráfico no contempla una mejora “espontánea” de la visión. Vamos, que realmente no importaba cuál fuera la realidad, sino que tuviera una explicación “científica” para demostrarlo. Vivir para “ver”.

     

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    Sobre el uso de fotocopias en Pericia Caligráfica – Virginia Molina Tito

    Publicado por el 3/mayo/2013 , 9 comentarios »




     

    Diversas son las opiniones al respecto de si un documento fotocopiado es válido para realizar un cotejo pericial. La finalidad de un cotejo de documentos manuscritos no es otra que dilucidar si dos o más escritos han sido realizados por la misma persona, y en especial resolver si lo ha efectuado la persona a la que están referidos.

     

    La idoneidad de una muestra proclive de ser cotejada viene dada por su calidad (que la muestra sea adecuada) y por su cantidad (que sea suficiente). Qué duda cabe que para considerar dos muestras como adecuadas para ser cotejadas entre sí, éstas deben ser de la misma naturaleza y composición, por lo tanto, no sería apropiado cotejar una muestra dubitada fotocopiada con una muestra indubitada original, por ejemplo un cuerpo de escritura.

     

    Sin entrar a enumerar todos los requisitos formales, una de las condiciones sine qua non para otorgar carácter de autenticidad a una firma es que ésta sea autógrafa, es decir, que esté escrita de mano de su mismo autor. Este requisito pone de manifiesto que en un cotejo pericial los aspectos puramente morfológicos, siendo altamente importantes, no son la parte esencial del análisis, puesto que un falsificador lo primero que va a intentar copiar es la forma del grafismo, ya que esta parte es la que “más se ve”.

     

    En un análisis profundo para un correcto cotejo, además de la forma, examinaremos otros componentes de la escritura considerados como elementos individualizantes, siendo la presión ejercida sobre el papel uno de ellos. Obviamente, este aspecto, que como sabemos resulta fundamental, se nos escapa cuando estamos ante un documento fotocopiado. Los cambios de presión que ejerce el autor al escribir son imposibles de valorar en una fotocopia.

     

    Hoy en día, en plena era digital, existe una inmensa cantidad de aparatos de digitalización e impresión que cuentan cada vez con mayor calidad en sus procesos ofreciendo unos resultados más  que óptimos. Una gran parte de la población, en mayor o menor medida, se encuentra familiarizada con las nuevas tecnologías, y por tanto, tenemos un gran número de personas capacitadas para realizar composiciones y montajes por medios informáticos, que si se utilizan de forma fraudulenta pueden dar lugar a magníficas falsificaciones muy difíciles de detectar en un documento fotocopiado, a no ser que se haya hecho de forma muy burda. Si contamos con el original podremos examinar los sistemas de impresión intervinientes en su confección, y si por ejemplo el falsificador ha añadido un párrafo a su favor en un contrato muy difícilmente lo puede hacer utilizando la misma impresora que se empleó para imprimir el documento inicialmente.

     

    Antes de finalizar, vamos a ver un ejemplo que, aunque puede parecer simple, tenemos la constancia de que ha sido utilizado en innumerables ocasiones:

     

    Aquí tenemos un documento fotocopiado cuestionado para realizar cotejo pericial. Cuestionado, porque la persona a la que está referida niega haber firmado dicho documento. Nos ceñiremos a la firma.

     

    Documento fotocopiado

     

    Imaginemos que realizamos el cotejo pericial de este documento con las respectivas muestras indubitadas, y determinamos, habiendo encontrado numerosas concordancias morfológicas, que la firma sí pertenece a la persona que negaba haberlo firmado. A la vista de nuestro dictamen, el Juez obliga a la persona a hacerse cargo de lo que “firmó”.

     

    Como esto es tan sólo un ejemplo, vamos a observar ahora el documento original:

     

     

    ¿Qué hay aquí de raro? Muy simple, la firma del documento es una firma digitalizada posteriormente impresa en el contrato, por tanto vemos que la firma no es autógrafa, es decir, que la persona NO lo firmó.

     

    En estos momentos, habrá gente que se pregunte si este tipo de falsificación es tan común. Por poner un ejemplo, en la estafa llevada a cabo por bancos y cajas con las participaciones preferentes éste ha sido uno de los modus operandi utilizados, ya que como todos sabemos en el banco disponen de ejemplares digitalizados de nuestras firmas auténticas realizadas por nosotros mismos. En muchos de los casos, se han limitado a colocar esta firma escaneada en el contrato de compra de estos productos tóxicos. En un examen preliminar del documento original y casi a simple vista, podemos detectar este tipo de falsificación. En una fotocopia NO.

     

    En conclusión, ninguna copia puede sustituir bajo ningún concepto el documento original, y en caso de que nos veamos obligados a realizar un cotejo pericial partiendo de una fotocopia, se ha de dejar constancia en nuestro dictamen de las limitaciones que supone un estudio en estas condiciones y por supuesto, las conclusiones obtenidas nunca podrán ser determinantes ni decisivas.

     

     

    Virginia Molina Tito

    Grafóloga y Perito Calígrafo Judicial

    virginiamolina@psicografologia.net

     

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    Caso real: Las fobias

    Publicado por el 10/marzo/2012 , 1 comentario »





    La fobia es uno de los miedos más paralizantes que puede tener un ser humano. Una de las más clásicas es a los animales, pero las hay de muchas maneras y a otras muchas cosas: miedo a los espacios públicos (agorafobia), a montar en avión, en ascensor, etc, etc.

     

    fobiasTe voy a contar el caso de una paciente que tenía fobia a los ratones. Por supuesto lo primero que hizo fue proveerse de un gato para sentirse segura en casa por lo menos. Pero ya sabemos que en un piso como vivimos hoy día los ratones que se pueden ver son escasos.

     

    Su problema era mayormente cuando iba a su casa del pueblo y sobretodo cuando iba de noche por la carretera, con los pequeños ratoncillos que se cruzan por delante del coche. En varias ocasiones incluso llegó a soltar el volante.

     

    En todas las fobias el miedo que está presente no es al elemento en sí, sino a lo que éste representa en nuestra mente. Empezamos por analizar su círculo más inmediato y lo que sucedía en él, y empezamos a hacer grafoterapia. Poco a poco según avanzaba la terapia grafopsicológica empezó a pasear por calles en las que hay solares abandonados, casas en ruinas, lugares por los que antes no habría pasado de ninguna manera ya que ella siempre iba con el miedo a que saliera algún ratón. Y es que hay una cosa curiosa en toda persona que ha superado una fobia y es que empieza a hacer “pruebas” intentando asegurar que eso está superado. Por supuesto ella cuando iba en el coche y se le cruzaba algún ratoncillo que antes tanto la habían atemorizado, los miraba y seguía conduciendo tan tranquila.

     

    Ya cuando terminábamos el tratamiento un día llegó muy contenta y me dijo que no iba a creer la mascota que se había comprado, me dijo que hacía una semana que lo tenía… ¡¡un hámster!! y que ella era la encargada  de darle la comida, asearle, etc.

     

    Me quedé tranquila con sus razonamientos ya que a mi modo de ver un hámster es… “un inmenso ratón”. No había mejor “prueba” de que aquello estaba superado.

     

    Carmen Tito

     

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    La “m” minúscula, el YO íntimo, familiar y social

    Publicado por el 3/enero/2012 , 2 comentarios »




     

    m minúsculaHoy te voy a hablar de la “m” minúscula. Esta es una letra muy interesante en grafología ya que nos habla de la armonía o discordancia entre el YO íntimo, familiar y social. Nos brinda datos sobre autoestima, la importancia de la familia en la vida del escribiente y la forma de proyectarse en el plano social.

     

    Hay una curiosa discusión entre hacer la “m” en arcos o en guirnalda (cuando se escribe como una “u”). A mí personalmente, me gusta más la “m” en arcos ya que veo que expresa mejor lo que una persona siente respecto a su familia, su yo y la sociedad, la “m” en forma de guirnalda la veo como demasiada adaptabilidad y necesidad de caer bien a los demás. Pienso que desde el momento que somos “demasiado adaptables” también somos manipulables por los demás.

     

    De todas maneras en grafología ya hemos comentado otras veces que nunca debes guiarte por un signo aislado sino ver toda la expresión gráfica de una persona en su conjunto para darte una idea concreta de su personalidad o su modo de ser.

     

    Si quieres profundizar más en el estudio de la “m” minúscula aquí te dejo un interesantísimo documento titulado “De arcadas y guirnaldas” en el que Fernando F. Ruiz, director del Gabinete Técnico Grafológico – Pericial   Psicograf, expone con detenimiento diferentes aspectos sobre la “m” minúscula www.psicograf.com/descargas/dearcadasyguirnaldas.pdf

     

    Hay muchos tipos distintos de “mminúscula, pero aquí veremos 7 tipos:

     Tipos de m

     Grafoterapia, ¿Qué hay aquí para mi?

     m minúscula

    Después de esta exposición de varios modelos de “m” vamos a pasar a la grafoterapia. Es decir, ¿Cómo puedo cambiar esto si está presente en mi escritura?  Comprueba primero como haces la “m” haciendo una copia de un libro o revista en un folio en blanco.

     

    Pues bien ya que hayas autochequeado las “m” de tu escrito te darás cuenta que no siempre las hacemos igual, pero verás como en general puedes distinguir  que hay un tipo que se repite más que los otros, esa será tu forma de hacer la “m”, la que haces más a menudo.

     

    Cómo hacer grafoterapia.  Haciendo “los deberes”

     

    Grafoterapia consiste en coger un hábito en la escritura, instalando un reflejo condicionado en tu cerebro. Es decir haciendo todos los días el trazo que hay que cambiar, hasta que se integre en tu escritura habitual de forma espontánea.

     

    Para ello todos los días debes hacer dos renglones con la letra “m”  según el modelo nº1, en un folio sin rayas ni cuadros poniendo la fecha en que lo haces y escogiendo para ello la misma hora si puede ser. Esto no te va a ocupar más de cinco minutos. Debes procurar que no te molesten para que pongas atención en lo que estás haciendo. El resto del día no te preocupes en absoluto de cómo escribes ni cómo haces la “m”, poco a poco verás como esta rutina diaria se establece en tu letra y después te empezarás a sorprender de cómo espontáneamente lo empiezas a corregir en tu escritura. Paralelamente verás como también se empieza a corregir en tu vida la circunstancia que te molestaba. Verás como poco a poco trabajarás con más constancia, estarás menos a la defensiva, tendrás menos tensión en la espalda o cuello o será más agradable trabajar contigo si es que eras un poco variable o inflexible. Cada persona, es diferente en sus progresos con la grafoterapia, aunque como norma general a los 15 días se empiezan a observar cambios.

     

    ¿Qué magia hay en cambiar mi escritura?

     

    Pues ninguna, aquí no hay magia en cambiar la forma de escribir y que tu cambies a continuación. De lo que se trata es de que veas que problemas hay en tu vida y que están pasando desapercibidos y que cuando los identifiques por medio de la escritura, tomes la decisión de corregirlo, porque entonces ya estás tomando en tu mente una postura  de decisión mental de hacer un cambio en tu vida. De romper con los viejos hábitos que interrumpen tu proceso de cambio de una manera escondida.  De eliminar el qué dirán, que van a pensar de mí si hago esto o aquello, en fin de romper con las limitaciones que tu mismo te impones en base a lo que opinen los demás y de que te decidas a hacer lo que realmente quieres hacer.

     

    Carmen Tito

     

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    Caso Real: “Cómo superé la bulimia”

    Publicado por el 15/diciembre/2011 , 10 comentarios »





    TartaHoy vamos a hablar de un trastorno alimenticio que va en aumento, como es la bulimia. Se estima que el 2% de la población en España padece algún trastorno de la alimentación (como bulimia, anorexia, obesidad) pero las cifras son pequeñas si pensamos que hay muchas personas que no están siguiendo tratamiento, por lo que estas cifras bien podrían ser bastante mayores.

     

    El caso que hoy relatamos es de una mujer de 35 años que, debido a problemas emocionales, entró en esta autodestructiva enfermedad. Nos lo va a contar ella misma.

     

    “Mi problema con la comida empezó hace tres años, después de un divorcio muy traumático. Yo siempre he sido de constitución delgada y el hambre que intentaba aplacar con mis “atracones” no era por la comida, era por la falta de afecto y de la incomprensión que yo viví, incluso por parte de mi familia más cercana. Sintiendo lleno el estómago me encontraba mejor, porque me concentraba en saciar mi hambre con cualquier cosa, sobretodo con cosas dulces que era lo que le faltaba a mi vida, un poco de dulzura. Mi problema aumentó cuando dejó de valerme toda mi ropa y tuve que empezar a comprarme tallas que hasta ese momento no había usado. Llegué a usar una talla 52”.

     

    “Hasta ahora sólo me había ocupado de comer cada vez más, pero a la vez que mi talla y mi culpabilidad aumentaban, empezó a entrar en mi vida el vómito como forma de paliar la cantidad de comida que “tragaba” sin saborear siquiera. A continuación de un atracón de comida me iba al aseo y vomitaba todo lo que había comido. Al principio me costaba forzar el vómito pero luego aprendí con maestría a tocarme con el dedo índice la campanilla de la garganta, y en unos segundos veía aparecer todo lo que acababa de comer sin tener que hacer ningún esfuerzo. El paso siguiente era comer otra vez y el ritual volvía a comenzar”.

     

    “El peligro para mí eran los fines de semana, ya que trabajaba entre semana y estaba entretenida, pero al llegar el viernes todo volvía a empezar. En aquella época prácticamente sólo salía para trabajar, en cuanto tenía libre me encerraba en casa y no volvía a salir porque me daba vergüenza que nadie viera las atrocidades que hacía con la comida y mis posteriores visitas al baño.

     

    Recuerdo como los viernes hacía mi compra, que se componía de cosas como botellas de coca cola de 2 litros y un surtido de patatas fritas, cortezas, aceitunas, pepinillos, toreras, almendras, avellanas, pastelitos, tartas de manzana, bizcochos, gusanitos, palomitas, chuches de los niños, etc, etc, etc. En fin, todo lo que no fuera natural y estuviera sobrecargado de azúcar, vinagre y sal me servía; justamente los ingredientes de los que yo estaba sobrada o escaseaban en mi vida”.

     Help

    “Un día me asusté bastante. En el trascurso de una tarde de sábado y en unas 3 horas vomité 3 veces y mi estómago ya no me admitía comer más. Encima todavía quedaba ante mí todo el domingo encerrada en casa y con la despensa y el frigorífico llenos a reventar de comida”.

     

    “Dí un puñetazo encima de la mesa de la cocina y me dije ¡BASTA YA! Cogí todas esas porquerías que había estado tomando durante tanto tiempo, las metí en dos bolsas de basura y las tiré en el contenedor. Después me fui a ver a mi madre. Tenía que pedirle algunas explicaciones, tenía que decirle que su papel de madre había sido bastante deficiente, que gran parte de mi problema era el escaso apoyo que había visto por parte de ella, tenía que decirle que estaba equivocada por toda la culpabilidad que me había hecho sentir, que yo no era la culpable de lo que había pasado, que yo era… ¡LA VICTIMA!

     

    “Después de hablar con ella, empecé a buscar ayuda psicológica. No necesitaba hacer dieta para adelgazar, no necesitaba fármacos que me quitaran el hambre de manera artificial, lo que necesitaba era que arreglaran mi mente y yo sola seguro que tardaría mucho en conseguirlo. Buscar ayuda especializada fue lo mejor que pude hacer, fue la mejor inversión de mi vida. A los tres meses ya había recuperado mi talla anterior, la que a mi me gusta, la 42, mi problema con la bulimia había terminado.

     

    Carmen Tito

     

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    Grafología: Escribimos con el cerebro

    Publicado por el 5/julio/2011 , 4 comentarios »




     

    Mucha gente ignora que cuando estamos escribiendo estamos cumpliendo una función cerebral. Se puede creer que realmente escribimos con la mano y el bolígrafo y que con esos dos componentes y un folio de papel ya estamos listos para escribir. Sin embargo tener todo dispuesto en la mano no es suficiente para poder escribir. Hay estudios que demuestran sin ningún género de dudas que en el momento en que empieza a surgir la escritura de tu mano, todas y cada una de las letras las está diseñando, planificando y pensando el cerebro, y que si nuestro cerebro no tiene nada que decir, escribir se vuelve una función imposible.

     

    Seguro que has observado bonitos cuadros en calendarios o en otro tipo de publicidad que pone que están pintados con “el pie o la boca”, ahí podemos observar claramente cómo cuando la mente del pintor quiere expresar sus inquietudes artísticas puede hacerlo con partes tan inverosímiles, y pinta obras que muchos de nosotros ni siquiera teniendo las dos manos sanas y un lienzo delante seríamos capaces de dar dos pinceladas.

     

    También habrás visto cómo cuando te dispones a escribir a un amigo y te empiezas a preguntar qué decirle o por donde vas a empezar a contarle algo, aunque tengas bolígrafo, papel y la mano disponible no eres capaz de escribir una sola letra hasta que de repente exclamas: ¡Ah ya sé lo que le voy a decir!, bueno pues a partir de ese momento es cuando tu mano se pone a escribir.

     

    Te pondría muchos más ejemplos pero cualquiera de ellos no haría sino reiterar lo mismo, y es que “escribimos con el cerebro”. Bueno, pues ya sabiendo que es nuestro cerebro el que escribe ¿no podríamos mandarle pequeños mensajes a través de la escritura (grafoterapia)? ¿No podríamos ordenarle alguna forma de hacer las cosas y que actuara facilitándonos la tarea?

     

    ¿Crees que son iguales las terminaciones nerviosas de las neuronas de un violinista que las de un cocinero? Unas están trabajando para satisfacer el gusto por la música y es una función bastante espiritual, sin embargo las del cocinero están entrenadas para satisfacer necesidades mucho menos “espirituales” como son paladear un buen plato de comida. ¿Y las neuronas de nuestro cocinero y de nuestro violinista, cómo han adquirido esa especialidad tan distinta si ambas son neuronas igualmente? ¿No habrán tenido que ensayar muchas veces cómo interpretar una melodía o cómo preparar un pastel para que un día, sin apenas mirar y haciéndolo de una manera casi automática, les saliese perfecto? A esto me refería cuando te decía si sería posible “mandarle órdenes a nuestro cerebro por medio de la escritura”.

     

    En efecto así es, toda orden que envíes a tu cerebro el suficiente número de veces irá quedando “impresa” y podrá llegar a automatizarse para usarlo cuando sea necesario. Ni que decir tiene que una vez que sabemos esta propiedad debemos tener sumo cuidado en lo que le indicamos. Para lo que sea que le entrenemos a que haga, eso va a ser lo que realmente va a hacer, ni más ni menos que lo que tú le has enseñado.

     

    Carmen Tito

     

    * Este artículo forma parte de nuestra Revista digital de Psicología y Grafología nº6. Puedes suscribirte aquí y te la enviaremos de forma totalmente gratuita.

     

    Este artículo puede ser referenciado y/o extractado parcialmente enlazando siempre con el origen http://www.psicografologia.net/

    Autor invitado: ¿Por qué se cuestiona tanto el Método Grafológico? – Virginia Molina

    Publicado por el 21/abril/2011 , 2 comentarios »




     

    He comenzado recientemente mi “andadura” en este mundo tan apasionante de la grafología, y en este poco tiempo, he podido observar las numerosas controversias existentes en este terreno tan delicado. Pero lo que no llego a entender es el por qué de tanta disputa, ¿por qué incluso entre grafólogos se generan rivalidades? Es cierto que existen numerosas escuelas y vertientes, pero creo, y es mi modesta opinión, que ninguna de ellas por separado pueda llegar a ser la corriente más auténtica con principios y leyes irrefutables, “en la variedad está el gusto”, lo ideal sería coger lo mejor de cada una de ellas e intentar llegar a un punto de estandarización común, y no utilizarlo como un arma arrojadiza, “mi opinión es la correcta y la tuya no vale para nada”.

     

    Creo que todos los grafólogos tenemos un mismo objetivo, y es poner a esta CIENCIA que a todos nos entusiasma en su debido lugar, y dejar atrás de una vez el lastre de las ciencias ocultas. Algo parecido ocurrió con la psicología, de hecho aún hay gente que sigue pensando que si alguien va al psicólogo está loco, pero a día de hoy a nadie se le ocurre poner en tela de juicio la psicología porque un psicólogo intervenga en un programa de televisión como profesional en determinada cuestión. Es de cajón pensar que si sale en la tele un grafólogo analizando la firma del famoso del momento, este análisis no puede ser más que superficial puesto que no lo está haciendo en condiciones idóneas, y que si yo quiero un estudio fidedigno de mi escritura lógicamente voy a acudir a un profesional para obtener un análisis individual y personalizado.

     

    Lo que verdaderamente me asombra es ver cómo, injustificadamente, otros sectores se sienten “amenazados” por la grafología, en lugar de ver la valiosa aportación que ésta puede tener en multitud de campos: psicología, pedagogía, medicina, docencia, sociología, criminalística, pericias judiciales, investigación, selección de personal, orientación vocacional..

     

    ¿Acaso existe alguna forma de autoconocimiento personal más precisa, pormenorizada y objetiva que lo que puede llegar a decir de tí tu propia escritura?

     

    La escritura es el reflejo visible del pensamiento” Juan Hipólito Michón

     

    Virginia Molina

    ¿Existen Las Coincidencias?

    Publicado por el 24/marzo/2011 , No hay comentarios »




     

    ¿Crees que es casualidad que una gota que cae en el agua formando círculos lo haga siempre en el mismo centro de todos ellos aunque estos sean de muy diferentes tamaños? ¿O podría ser que la gota estuviera marcando una sincronía y un orden y que los círculos estuvieran dispuestos a obedecerla? ¿Podríamos poner un pensamiento nuestro, algo que quisiéramos conseguir a trabajar y a sintonizar todo a nuestro alrededor para que se alineara con nuestros deseos?

     

    Carl Jung definió la sincronicidad como “una coincidencia significativa de dos o más sucesos no relacionados entre sí causalmente en la que está implicada algo más que la probabilidad aleatoria“.

     

    Ciertamente podemos llamarle casualidad, coincidencia o sincronicidad o como queramos decirle pero a poco que miremos en nuestra vida diaria siempre encontramos casualidades curiosas que la gente te cuenta en una lista inacabable de sucesos graciosos, de algo que les ha pasado, que les sorprendió y muy a menudo gratamente. Porque a Dios gracias en cerca del noventa por ciento de las casualidades o cadenas de casualidades los resultados suelen ser siempre positivos. ¡Qué casualidad!

     

    Saca el tema en una conversación de un grupo de personas reunidas y enseguida se animarán a referir mil y una anécdotas que han vivido en si mismas o en otras personas. Y casi siempre cosas buenas. Porque no me digas que no te ha pasado alguna vez que pensaste que hacía mucho que no ves a una persona y la ves al día siguiente de decirlo o que hace tiempo no sabes de un amigo y de pronto te llama por teléfono o que andabas mal de dinero y te dan algo que tenías ya hasta olvidado.

     

    Pues yo me pregunto si dando la vuelta al asunto, no podríamos usar esta vez las casualidades a nuestro favor, porque visto asi la casualidad aparenta ser una respuesta a un deseo tuyo que anteriormente expresaste y parece que la naturaleza estuviera dispuesta a poner en contacto el mundo del espiritu y el mundo de la materia.

     

    Pero ¿no será que nosotros no conocemos bien las leyes que rigen estos asuntos, y actuamos siempre de una manera lógica sin esperar a que haya algún cambio imprevisto? ¿Por qué siempre nos empeñamos en que las cosas pasen de la misma manera, como pasaron otras veces, hace años, hace siglos? ¿Por qué nos cerramos empeñosamente a abrir nuestra intuición y nos da miedo esperar cosas mejores que las que hemos tenido hasta ahora?

     

    Carmen Tito

     

    * Este artículo forma parte de nuestra Revista digital de Psicología y Grafología nº5. Puedes suscribirte aquí y te la enviaremos de forma totalmente gratuita.

     

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