Caso Real: Ya no necesito gafas

Publicado por el 5/mayo/2014 , No hay comentarios »




 

Ya no necesito gafasHe decidido escribir este artículo para dar a conocer mi caso, porque creo que es algo muy sorprendente. Yo misma reconozco que si me lo contara alguien al que no conozco demasiado, probablemente me costaría mucho creerlo.

 

Para empezar, yo llevaba utilizando gafas desde hacía aproximadamente 12 – 15 años, desde el instituto, para mejorar mi visión de lejos. Tenía miopía, menos de una dioptría en ambos ojos, no era demasiado pero lo suficiente para tener que empezar a utilizar gafas porque cuando me tocaba sentarme al final de la clase no veía la pizarra del todo bien. Al principio era un incordio, me las ponía cuando era estrictamente necesario, para ver la pizarra y punto, mientras no tenía que mirar no las usaba, en las semanas que me tocaba sentarme delante tampoco, ni en asignaturas en las que el profesor no utilizaba la pizarra, ni por la calle…

 

Con el tiempo empecé a utilizarlas más, después del instituto, reconozco que quizás influenciada un poco por las modas, me compré dos pares de gafas preciosas, de mi color preferido y muy modernas, que me quedaban genial e incluso pensaba que me daban un look más “interesante”. Entonces prácticamente no me las quitaba, me las ponía cuando iba a salir a la calle y me las quitaba cuando llegaba a casa. Si por algún motivo algún día se me olvidaba ponérmelas me sentía como si fuera “desnuda”, con toda la cara destapada todos mis defectos quedaban al descubierto, por no mencionar que con el uso continuado de las gafas parece como si los ojos se fueran hundiendo y me veía la mirada un poco triste, me sentía incómoda además de insegura por el hecho de no ir viendo todo a la perfección.

 

Cuando empecé a ir a la consulta con Carmen (a la que acudí por otros motivos…), yo llevaba siempre mis apreciadas gafas pese a que en la consulta no las necesitaba. Un buen día, mientras me tomaba muestras de escritura, me dijo: ¿necesitas las gafas para escribir? Reconozco que esa pregunta me dejó un poco descolocada al principio, pero rápidamente le contesté que no, mi problema visual era para ver de lejos pero de cerca veía perfectamente. Entonces ella insistió en que por qué no me las quitaba para escribir, puesto que no era necesario. A esas alturas, conociendo ya como conocía a Carmen y ella a mí,   yo  sabía   perfectamente  que  aquella  pregunta  no  era  baladí,   sabía que en el asunto de las gafas había un trasfondo en el que ella estaba intentando profundizar, y aquel primer intento suyo al principio me incomodó un poco, ¿qué problema había con mis gafas? ¡Con lo bien que me quedaban! Yo no quería dejar de ponérmelas por nada en el mundo y me agarraba a ellas como a un clavo ardiendo. Finalmente accedí a quitármelas cuando llegaba a la consulta, y poco a poco empezamos a descubrir la enorme dependencia psicológica que tenía hacia ellas. Carmen me hizo ver que si no veía del todo bien de lejos, ello estaba evidenciando que yo no veía del todo bien mi vida “de lejos”, mi fututo, mi trabajo, es decir, todo lo que se saliera de mi ámbito más cercano e inmediato, que sería la visión de cerca. Dio la coincidencia por aquella época, (ya sabemos que las casualidades no existen) que un amigo óptico me aconsejó que dejara de utilizar las gafas a diario, ya que esto iba a mejorar mi visión, dadas las dioptrías que yo tenía.

 

Aquello ya me acabó de convencer, viniendo de un especialista en problemas visuales, por lo que me decidí a hacerlo y empecé a dejar de ponerme las gafas días salteados hasta que llegó un punto que dejé de usarlas completamente. Al principio observé que cuando me las quitaba, había un rato que veía un poco borroso, hasta que mis ojos se “acostumbraban”. ¿No es esto lo mismo que te dicen cuando te compras unas gafas nuevas y ves un poco raro? “Es que te tienes que acostumbrar”. Fue entonces cuando Carmen me dijo, ¿igual que los ojos se tienen que acostumbrar a utilizar unas gafas nuevas con una graduación diferente, no se podrían acostumbrar a ver sin ellas? Y la respuesta es SÍ, ella ya lo había comprobado y llevaba ya unos años sin utilizar gafas, y yo también pude comprobarlo. No sólo no veía borroso, sino que según iba pasando el tiempo veía cada vez mejor. Muchas veces pienso que nosotros, “seres inteligentes”, tenemos muchos de nuestros sentidos dormidos. Fui dándome cuenta de que hay muchas otras formas de “ver”, por ejemplo cuando ves a alguien que conoces por la calle, generalmente no lo reconoces porque le veas perfectamente la cara a lo lejos, sino que la gran mayoría de las veces reconocemos a las personas que conocemos por muchas otras cosas, su peinado, su ropa, su forma de caminar, etc.

 

Antes de finalizar, me gustaría contar una pequeña anécdota, demostrativa de hasta qué punto ha mejorado mi visión. Después de varios años ya sin utilizar gafas, llegó el momento de renovar mi carnet de conducir. En el antiguo estaba anotado el código que indica que necesitaba corrección visual, además de que en la foto llevaba gafas. Acudí al centro de reconocimiento médico para hacer la renovación, y como era previsible, me hicieron las pruebas necesarias entre las que se encontraba la de graduación de la vista. Cuando finalicé, la persona encargada de hacer la renovación, con todos los datos de las pruebas que me había realizado el personal médico, me preguntó: ¿Por qué pone en el carnet antiguo que necesitaba gafas y en la prueba que le acabamos de hacer ha visto perfectamente sin ellas? ¿Se ha operado? Yo le contesté que no, y le conté brevemente el motivo de por qué ya no las necesitaba. Esta persona después de escucharme atentamente se quedó asombrada, pero es más, incluso me dijo que la persona que me había graduado había anotado que tenía una agudeza visual muy elevada, notablemente superior a la media. Lo que verdaderamente me dejó a mí perpleja, fue cuando me indicaron que, pese a que acababa de pasar allí mismo la prueba de la visión y había sido certificado por un médico que veía a la perfección e incluso tenía mayor agudeza visual que la media, no podían renovarme el carnet sin marcar el código indicativo de que sí necesito corrección visual si no presentaba un justificante de haberme operado para corregirlo, ya que Tráfico no contempla una mejora “espontánea” de la visión. Vamos, que realmente no importaba cuál fuera la realidad, sino que tuviera una explicación “científica” para demostrarlo. Vivir para “ver”.

 

* Este artículo forma parte de nuestra Revista digital de Psicología y Grafología nº12. Puedes suscribirte aquí y te la enviaremos de forma totalmente gratuita.

 

Este artículo puede ser referenciado y/o extractado parcialmente enlazando siempre con el origen http://www.psicografologia.net/

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