La Salud y los hipotéticos avances de la Medicina

Publicado por el 2/noviembre/2010 , No hay comentarios »




 

Hoy estoy recordando una frase atribuida a los romanos que dice “Mens sana in corpore sano” (mente sana en cuerpo sano).

 

Y esto querido lector es una verdad como un castillo, nadie que tenga su alma limpia como una patena, que la escuche y le dé todo lo que le pide, va a tener enfermedad alguna.

 

Los que hemos estado enfermos de alguna dolencia grave o que nos hemos tenido que someter a una operación, sabemos con poco que intentemos recordar, como la enfermedad física siempre se ha presentado acompañada de alguna circunstancia delicada en nuestra vida, de alguna carencia que teníamos en ese momento, de algún sapo que nos habíamos tragado y que no sabíamos cómo metabolizar. Cuando nos encontramos enfermos, lo adecuado parece que es acudir al médico. Ésta es una buena medida si sólo fuésemos un cuerpo, pero claro lo que hacemos es depositar nuestras preocupaciones y problemas en una persona que apenas nos conoce y que nunca va a saber que es lo que nos pasa “realmente”. ¿Tú sabes el arte que tiene que tener un médico para que en escasos 5 minutos llegue a saber concretamente que es lo que te pasa de verdad?

 

Al médico le obligamos a estar dilucidando qué síntomas concretos son los que tienes que estén en su alcance curar y que cosas te estás callando que son las que realmente te han hecho enfermar. Pues tirando del hilo, si el médico realmente no sabe de tus circunstancias, mal va a saber qué es lo que debe hacer contigo, lo único que puede hacer es lo que ya todos conocemos, es decir darte un tratamiento estándar y mandarte unas medicinas que compartes con otras miles de personas más. Pero, ¿es igual tu ardor de estómago que el de otro? ¿y tu dolor de muelas? ¿y el trancazo de gripe con que te has levantado? Pues resulta que todas las personas que tengan esos síntomas van a compartir contigo el antiácido, antiinflamatorio o antigripal de turno que te han mandado a ti.

 

¿Te ha dicho alguna persona, las pastillas que ha tenido que probar hasta que ha dado con una que le “sentaba bien”?. Pues realmente lo que la mandaban era el mismo producto con distinta presentación, o sea los “mismos perros con distintos collares”. Porque ¿qué pueden mandar a una persona que tiene inflamación?, pues ya sabes, antiinflamatorios se llamen “b” o “c”, ¡es que no hay otra cosa que mandar!

 

Y en este estado de cosas, ¿alguien se pregunta por los hipotéticos “avances de la medicina”? Cualquiera que pase por un ambulatorio o un hospital, se dará cuenta que lejos de haber cada vez menos enfermedad como cabría esperar debido a estos cacareados avances de la medicina, cada vez hay más enfermos y lo que es peor cada vez más enfermedades.

 

Otra cosa que me preocupa es la “prevención” de la enfermedad, que al parecer pasa por una medicalización de las personas sanas en base a que hay que prevenir tal o cual enfermedad “por si acaso algún día aparece”, que tampoco es seguro que vaya a aparecer. De manera que sobretodo ancianos y personas de mediana edad, a quienes se inocula miedo a la enfermedad, se les manda ir a revisión cada 4-6 meses con la ilusión de que así van a protegerse de todo.

 

Esto que podría ser saludable, se puede convertir en enfermedad, cuando por casualidad te toman la tensión en el médico y estás nervioso y alterado por alguna circunstancia de tu vida, y te da la tensión alta (la mayoría de veces la tensión alta es transitoria). A partir de entonces eres hipertenso y tu destino por supuesto es tomar antihipertensivos, no querrás tener un infarto ¿no?

Pero ¿hasta cuando tendré que estar tomando las pastillas? Pues mira…toda tu vida. Porque luego vienen las contradicciones de la medicina que te han mandado. Fíjate en los “avances” de la medicina en el prospecto de un antihipertensivo cualquiera (omito la marca): “La diuresis excesiva, particularmente en ancianos, puede producir deshidratación y disminuir la volemia con colapso circulatorio y posible trombosis vascular y embolismo. También se han descrito ligeras alteraciones gastrointestinales en algunos casos, así como episodios de vértigo leve”.

 

Al parecer lo menor que te puede dar es un vértigo, que ya se arreglará mandándote otro fármaco. Lo peor es lo otro más grave que te puede dar como deshidratación, colapso circulatorio, trombosis vascular y embolia, y ahora me pregunto, ¿pues no era esta medicina para prevenir la salud de tu corazón? Pero hay otro detalle, y es que a la larga los medicamentos para la hipertensión (y cualquier medicamento) producen colesterol, con lo que ya tenemos otra receta para “prevenir no se qué” y ya en los efectos secundarios de las pastillas del colesterol, ya es que me pierdo, porque es una intrincada maraña parecida a una selva tropical.

 

Pues sí, esta es la prevención que se está haciendo actualmente, ¿no te parece a ti que está un pelín equivocada la forma de prevenir las enfermedades? ¿No sería mejor encomendarse a Dios y rezar un Padrenuestro para que te cure si estás enfermo?

Lo importante en medicina son los resultados. Se puede ser muy científico y tener muchos conocimientos, pero si el paciente muere, no se cura o no se le puede proporcionar alivio ¿de qué le sirve que el método sea “oficial y científico”? ¿de qué le sirven los avances de la ciencia? A mí me parece, que la forma de aplicar medicina en una sucesión de crearte nuevas “averías” que requieren un nuevo fármaco, está tocando a su fin; que la medicina como la conocemos hoy, tiene sus días contados y que el concepto de enfermedad que tenemos está funcionando en realidad como justificación de la desaforada medicación masiva a la que hemos llegado.

 

Te dejo un relato sobre médicos: En la China milenaria, el trabajo de los médicos no era curar a los enfermos, sino mas bien mantenerlos sanos. En consecuencia, sus pacientes les pagaban cuando estaban sanos, y dejaban de pagarles cuando enfermaban. Cuando un paciente moría, la familia del difunto colgaba una lámpara en la puerta de la casa del doctor; si había demasiadas lámparas encendidas, el negocio iría mal…
¡Ay que listos los chinos! ¿Por qué no lo hacemos nosotros?

 

Carmen Tito

 

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Este artículo puede ser referenciado y/o extractado parcialmente enlazando siempre con el origen http://www.psicografologia.net/

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