Psicología

SOMOS ESPECIALISTAS EN ENFERMEDADES PSICOSOMÁTICAS

La somatización se caracteriza por la aparición de diversos síntomas físicos recurrentes que interfieren muchos aspectos de la vida del paciente y que no pueden clasificarse como enfermedad orgánica. Los síntomas son en la mayor parte de los casos consecuencia de estados de ansiedad o de angustia mantenidos en el tiempo por problemas cotidianos. Las consecuencias de esta ansiedad pueden ser origen de variadas afecciones, entre las que podemos citar: hipertensión, taquicardia, caída del pelo, herpes, eccemas, náuseas y vómitos, dolor de cabeza y espalda, mareo, vértigos y sudoración excesiva, entre otros. Estos son los síntomas más comunes descritos por los pacientes, aproximadamente en el 80% de los casos y que se presentan a través de problemas físicos que sugieren un problema de salud, aunque no existan datos objetivos que se puedan explicar por un diagnóstico médico.

 

Estos síntomas son lo suficientemente severos como para que los pacientes experimenten molestias significativas, o se altere su funcionamiento social u ocupacional y el sufrimiento, aún sin causa orgánica que lo justifique, puede ser tan severo que deteriore la capacidad de la persona para desenvolverse en su actividad diaria. Explicado esto, quizás parezca complicado poder justificar tal relación, para entenderla habrá que analizar cómo funciona la respuesta de defensa natural que el organismo produce ante las agresiones: nuestro cuerpo no diferencia entre agresiones físicas o psíquicas, externas o internas, simplemente se prepara para poder salir sin daño ante cualquier ataque. Estos síntomas dolorosos se asocian habitualmente a tensión emocional y a discapacidad funcional. Los estudios epidemiológicos revelan que los cuadros dolorosos son extremadamente frecuentes, en especial en formas lumbálgicas, y que un porcentaje importante de las enfermedades físicas que padecemos surgen o se agravan coincidiendo con épocas de alto estrés como pueden ser enfermedades familiares, problemas de los hijos, despidos, divorcios o pérdida de alguien cercano. Estos sucesos dejan a una persona con las defensas disminuidas, lo que facilita el traslado de las preocupaciones al plano físico en forma de insomnio, dolor de cabeza, de espalda, alergias y otras afecciones que no remiten con el tratamiento médico, ya que su origen no es orgánico.

 

En los trastornos psicosomáticos hay una alteración física que sale a luz tras la interacción entre una mayor vulnerabilidad biológica y un desencadenante psicológico que lo pone en marcha. Dada la predisposición biológica apropiada, sobrevendría la patología siempre que en el ambiente se activase el conflicto psicológico subyacente. Algunos autores han analizado el perfil psicológico de estos pacientes viendo que se suele corresponder con personas hipocondríacas, a quienes les resulta difícil expresar sus sentimientos, con dificultades en las relaciones interpersonales y que no admiten que se les indique que la causa de su dolor puede ser psicológica. Los síntomas que presentan estas personas casi siempre tienen relación con problemas psicológicos, sin embargo no se deben calificar como emocionales hasta que no se ha descartado que exista alguna patología orgánica.

 

La psicoterapia ayuda a estos pacientes a enfrentar y a buscar alternativas para sus problemas interpersonales, a expresar emociones reprimidas y a mirar de otro modo a sus molestias físicas.

 
 
 

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